DÍA DE LAS MISIONES FRANCISCANAS. 14 de Mayo de 2006

El lema de este año es: “¡Escuchemos para cambiar la vida!”

Señor, ¿qué quieres que haga?

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ESCUCHAR

Según la Biblia, nuestra relación con Dios se fundamenta sobre todo en la Palabra que él nos dirige. Por eso, aunque más allá será la visión, ahora es esencial la escucha. La fe nace de la audición, de la escucha (Rom.10,17).

Escuchar y acoger la Palabra de Dios es estar atento, buscar y abrir el corazón. Dios mismo abre el corazón al que escucha con interés su palabra (Hech.16,14)

La escucha evangélica es también poner en práctica, obedecer: “Todo el que oiga estas palabras mías y las ponga en práctica, será como el hombre prudente que edificó su casa sobre roca” (Mt.7,24).

Sólo Dios puede abrir el oído de su discípulo. “El Señor Yahveh me ha abierto el oído, y yo no me resistí ni me eché atrás” (Is.50,5). En los tiempos mesiánicos oirán los sordos. Los milagros de Jesús harán comprender al pueblo sordo y ver a los ojos ciegos la Palabra de Dios (Is. 2918; Mt. 11,5)

María guardaba fielmente las palabras de Dios en su corazón (Lc.2,19.51) y Jesús dijo: “Bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la guardan” (Lc.11,28).

Dios nos escucha a nosotros. En la oración le pedimos que nos escuche y acoja nuestros ruegos. Oye el pobre y humilde (Ex.22,22; Sal.10,17). Escucha a los justos y piadosos que hacen su voluntad (Sal.34,18); a los que piden según su voluntad (1Jn.5,14); Siempre escucha a su Hijo Jesús (Jn.11,41). Por él pasa la oración cristiana. Ponerme con toda la Iglesia a la escucha de la palabra y de la voluntad del Señor.