Parábola del enfermero cosededos.

Autor: David López Rúa

Ocasión: la vida diaria de la Parroquia de San Francisco de Coruña

...había una vez... un vecino de un pueblo que sabía algo de enfermería.

Resulta que el médico más próximo estaba a 1000 km del pueblo, y sucedió que dos vecinos se cortaron un dedo cogiendo leña y fueron a pedir ayuda urgente a este vecino para intentar coser el dedo antes de perderlo defnitivamente.

Él con sus limitaciones, consiguió coser el dedo a cada uno de ellos. El primero le dio las gracias con lágrimas en los ojos, lo abrazó, lo invitó a cenar a su casa y le regaló un coche. El otro le dijo gracias secamente.

Al cabo de unos días, cuando les sacó los puntos, el primer vecino siguió agradecido y le regaló una vaca. El otro, en cambio, se enfadó mucho al ver que, aunque había recuperado la movilidad del dedo perfectamente y no tenía dolores, resulta que los puntos le habían dejado una pequeña cicatriz, lo cual era inevitable. Eso sí, para ver la cicatriz había que acercarse con una lupa a 5 cm del dedo. El caso es que se enfadó tanto que empezó a gritar como un loco, insultando al pobre aprendiz de enfermero, llamándolo incompetente, inútil y otras cosas más graves irreproducibles en un foro cristiano. No sólo eso, al día siguiente, lo esperó en un callejón oscuro con 4 matones y le metieron una paliza descomunal al pobre hombre.

El apalizado llegó a casa hundido por dos cosas: una, la paliza, y otra, que por su culpa una persona estuviera enfadada con él. Fue a visitarlo el otro vecino del dedo y lo consoló, le insistió en que había obrado muy bien y que si ese otro vecino no se hubiera enfadado por la cicatriz, lo habría hecho por otra cosa. El caso es que tenía también su dedo funcionando en la mano y eso era bueno. Además, estuvo varias semanas cuidándolo con toda su familia y muchos otros vecinos fueron a verlo y a expresarle lo gran enfermero que era y lo agradecidos que estaban de que de vez en cuando les recetara cosas y les curara heridas.

También intentaron hacer entrar en razón al otro vecino, pero no lo lograron porque era muy terco e insistía en que él mismo habría logrado pegar el dedo sin cicatriz.

El aprendiz de enfermero se preguntaba si tenía que dejar de hacerse el enfermero, porque ni tenía título ni nada. El vecino agradecido le insistía en que lo necesitaban, que se olvidara del de la paliza y sólo pensara en la cantidad de vecinos que le pedían que siguiera.

¿vosotros qué haríais? Yo lo tengo claro.