LA NAVIDAD DE GRECCIO CELEBRADA POR SAN FRANCISCO (1223)

Guión: Natalio Saludes. Adaptación y Dirección: Goretti Lodeiro

Actores/actrices: Profesores Colegio Franciscanos Coruña

 

Narrador: Aconteció, lo que aquí os cuento, en el año del Señor de 1223, tres años antes de que Francisco de Asís, dejara de vivir en sus huesos para ir al cielo, donde conocer en persona a su Amado Dios.

En el pueblo de Greccio, vivía un hombre de nombre Juan. Hombre honrado, de vida sencilla, que ya era amigo de San Francisco desde un día en que Francisco andaba buscando un lugar para orar en silencio, el dicho Juan le cedió el uso de una cueva de su propiedad, a las afueras del pueblo.

Caminaba Francisco y León hacia el pueblo de Greccio, cuando la nieve y la lluvia cortaron su paso, Confiando en la misericordia de Dios llamaron a la primera puerta con que se encontraron.

(León llama y una voz le responde).

Voz. ¿Quién llama a estas horas? ¿Se ha muerto alguien?

León: somos dos penitentes de Asís, buscamos abrigo de la lluvia

Voz. No hay abrigo para más gente. Ya somos muchos.

León. La nieve nos impide caminar. Nos basta cualquier rincón en un establo. Por el amor de Dios.

Voz: Dios no se ha acordado de nosotros en los últimos años. ¿Por qué se ha de acordar de vosotros?

Francisco: León, vayamos a otro lugar, Dios nos tiene preparado el abrigo en otro techo.

(Continúan camino y se encuentran con Juan)

Juan: ¿Penitentes de Asís? ¿Sois acaso de los hermanos de Francisco?

León: yo sí soy hermano de Francisco. Él es Francisco

Juan: Francisco!!?!?, cómo andáis de camino con tanta lluvia. ¿Acaso Dios no tiene piedad de vosotros ni os concede un lugar donde secar vuestros huesos?

Francisco: hola hermano Juan, criatura de Dios. Cada noche el Altísimo nos concede un lugar para descansar, somos nosotros los que aún no lo hemos encontrado pero no debe andar muy lejos.

Juan: Mi casa es pequeña, podéis compartir habitación con mis hijos, hospedaos en mi casa. Vamos. Corred. Tanta lluvia me estremece los huesos. Mi esposa os recibirá con agrado. .

(llegan a casa de Juan, La mujer está preocupada por su marido, y al entrar, sin mirar a los huéspedes se abraza a Juan con infinito sosiego)

Rebeca: Juan, estaba preocupada, he visto gente correr, no sabía si estarías bien.

Juan: Rebeca, ¿hay caldo para dos penitentes?. Es Francisco, el de Asís, te hablé muchas veces de él. Les dejaré una túnica hasta que sequen la suya.

Rebeca. ¿No hay caldo para tus hijos y aún quieres invitar a extraños? ¿Has perdido el juicio? Diles que vengan mañana. Hoy no queda nada. (esto último lo dice mirando a Francisco)

Francisco: ¿alguna vez has visto las alondras volar en el campo? A nadie le restan espacio, a nadie le quitan comida, sólo vuelan; es Dios quien las mantiene.

Rebeca. ¿Me vas a contar un cuento? Vosotros no sois alondras.

Juan: Rebeca, te lo suplico. Son hombres de Dios, No tienen más hogar que éste, por esta noche. Mañana seguirán su camino.

Rebeca. Tienen iglesias, que le pidan al Papa. Nosotros sí que somos pobres, pero ellos son hijos de burgueses. Que pidan a los suyos.

León: Pensábamos que era Dios quien daba cobijo aquí esta noche a estos hijos suyos.  Pedimos disculpas por creernos tan importantes. Dios bendiga a esta casa. (hace gesto de irse)

Francisco: No podemos irnos, León, cuando una hija de Dios queda sumida en tanta sombra y pobreza. ¿cómo podemos hacerle sentir el amor de Dios, que se hizo pobre y compartió su misma pobreza?

León: … pues…. ¿quizás diciéndole al Papa que le regale su manto dorado?

Francisco: No León, eso le permitiría ver que el papa tiene mayor riqueza que ella, pero no el amor de Dios.

León: ,,,, uhmmm. Quizás, si vamos a robar unas manzanas y se las damos de parte de Dios?

Francisco: , León, sólo hay una forma de que los hombres sientan el amor de Dios: viéndole compartir su mismo lecho, su misma pobreza, su misma carne.

León:  y…? Creo que no lo estoy captando.!!!

Francisco: Si pudiésemos dejarles ver cómo ha nacido Dios en medio de nosotros, pobre y humilde como un corderillo, entre una vaca y un asno,. Sólo si los hombres ven con sus ojos pueden creer lo que oyen sus oídos. Aunque de Dios nada nuevo podemos decir que lo que él mismo ha dicho, sí podemos hacer ver a esta gente cómo sucedieron las cosas, cómo Dios nació hecho niño en un pesebre, y cómo fue recibido en el mundo, entre un buey y una mula.

Juan: Francisco, yo ya estoy viendo a Dios en tus pies descalzos y en tu palabra, aunque me cueste mucho verlo en mi pobreza y en mi casa.

Francisco:  (Mirando a Juan y Rebeca) Mañana celebraremos todos juntos la nochebuena. en la cueva de Greccio, para que veas el amor de Dios con tus propios ojos..

ESCENA II: Se ven varias puertas del pueblo y dos frailes mensajeros van llamando a cada una de ellas:

Rufino llama a puerta 1: La paz y el bien con vosotros.

Rebeca: la paz y bien contigo, hermano de Francisco, ¿qué deseas?

Rufino: me envía Francisco a pedirte que vengáis a celebrar tú y tu familia esta noche la nochebuena con nosotros, en la cueva de Greccio

Rebeca: Al atardecer iremos a Greccio. ¿Hay que llevar pan?

Rufino: Francisco quiere que lleves a tu bebé, para que los que te vean, puedan ver que la Virgen María era igual de pobre que tú

Rebeca: Dios te guarde, hermano de Francisco!!

----

Bernardo llama a la puerta 2: La paz y el bien contigo, Señor Guido.

Guido: La paz llena mi casa cada vez que veo a uno de vosotros, hermanos de Francisco.

Bernardo: Me envía Francisco a pedirte que te unas a nosotros esta noche, para celebrar la Navidad, en la cueva de Greccio. Y si puedes trae contigo el asno, para que nuestra celebración tenga lugar del mismo modo en que nació Jesús, entre un buey y una mula.

Guido: mi asno y mis hijos y yo subiremos a Greccio esta noche. La paz contigo hermano

Bernardo: La paz contigo, Guido

Rufino llama a una tercera puerta: La paz esté en tu casa. Pietro. Vengo de parte de Francisco, el de Asís. Esta en Greccio y me envía…

Pietro le corta: Los enviados de Francisco son bienvenidos en mi casa, pasad, tengo pan para compartir.

Rufino: Gracias Pietro, Francisco espera mis noticias y no puedo retrasarme. Quería pedirte que vengas esta noche a Greccio, con tu familia, tu vaca y un fardo de heno

Pietro: ¿Mi vaca? ¿para qué quiere Francisco una vaca en Greccio?

Rufino: Francisco desea celebrar la memoria del niño que nació en Belén y quiere que todos contemplemos de alguna manera con nuestros ojos cómo Dios nació pobre como nosotros, cómo fue reclinado en el pesebre y cómo fue colocado sobre heno entre el buey y el asno para hacernos ricos en nuestra pobreza, por su AMOR.

ESCENA III. En la cueva de GRECCIO.

Narrador: Llegó el día, día de alegría, de exultación. Se citó a hermanos de muchos lugares; hombres y mujeres de la comarca, rebosando de gozo, prepararon, según sus posibilidades, cirios y teas para iluminar aquella noche que, con su estrella centelleante, iluminó todos los días y años. Llegó, en fin, el santo de Dios y, viendo que todas las cosas estaban dispuestas, las contempló y se alegró. Se prepara el pesebre, se trae el heno y se colocan el buey y el asno. Allí la simplicidad recibe honor, la pobreza es ensalzada, y la  humildad es la protagonista; y Greccio se convierte en una nueva Belén.

(Rebeca y su marido son José y María con el niño, están el buey, el asno y los otros pobladores, Francisco y sus hermanso, de rodillas ante el pesebre. Música solemne de Navidad como fondo)

Francisco: Gritad de gozo a Dios, nuestra ayuda; aclamad al Señor con gritos de júbilo.

Rufino: Porque nuestro Padre del cielo, envió a su amado Hijo de lo alto, * y nació de la bienaventurada Virgen santa María.

Bernardo: Porque un santísimo niño amado se nos ha dado, y nació por nosotros de camino y fue puesto en un pesebre, * porque no tenía lugar en la posada.

León: Gloria al Señor Dios en las alturas, y en la tierra, paz a los hombres de buena voluntad.

Francisco: Familias de los pueblos, Mirad la humildad de Dios y ofreced al Señor gloria y honor, ofreced al Señor gloria para su nombre; Ofrecedle  vuestros cuerpos y llevad  su santa cruz,  y cumplid hasta el fin su santa voluntad

León:, El Dios a quien adoramos no es un Dios lejano, que viva en las nubes por encima de vosotros, sino que es un Dios Vivo, que nació como un niño, desnudo y pobre, como vuestros hijos. En esto vemos el amor de Dios, en que es un hombre más en medio de nosotros.

Narrador: El lugar donde esto aconteció fue luego consagrado en templo del Señor: se construyó sobre el pesebre un altar y desde aquel día se extendió la tradición que hoy tenemos de poner un Belén en cada hogar. Y aquel Juan que acogió a Francisco y fue testigo de los hechos murió mucho tiempo después en olor de santidad.                                              *+*+*+*+

Narrador: Voz. León: Francisco: Juan: Rebeca: Rufino: BernardoGuido: Pietro