Comunidad Franciscana en el Camino de Santiago. VALLE DE VALCARCE
Vega de Valcarce. León. contacto: fraydino@yahoo.es

 

 

 

3.3.- Día tercero Pontevedra

   Nota

El municipio de Pontevedra tiene 73.871 habitantes, que se reparten en sus 18 parroquias. Su posición en el fondo de la ría, en la desembocadura del río Lérez, defendida por las barreras arenosas de los ataques por el mar, marcaron históricamente la ciudad y a sus pobladores. Pontevedra posee una situación central con respecto a las Rías Baixas. A pocos kilómetros se encuentra el Lago Castiñeiras y el mirador de Couto Redondo, las playas de O Morrazo y Sanxenxo, el núcleo de Combarro y la Isla de A Toxa.  En el ayuntamiento hay cuatro sectores montañosos separados entre sí por dos fallas que convergen en torno a la capital. La primera corresponde a una fosa que va desde Carballo hasta Tui, que sirve de cauce a los ejes de comunicación de la Galicia occidental, y la segunda fue aprovechada por el río Lérez para instalar su curso fluvial. Así, este ayuntamiento se extiende por el fondo de la ría de su nombre, ocupando los valles fluviales del Lérez y el Tomeza y hacia el sur llega hasta la desembocadura del río Verdugo, en Ponte Sampaio.  El río Lérez es el eje de la red hidrográfica. Es un río caudaloso que se mezcla en su estuario con las mareas, siendo este factor el que motivó la creación del puerto que dio origen a la ciudad.
El clima es templado lluvioso y las temperaturas son agradables a lo largo del año.
Una muestra de que Pontevedra estuvo poblada desde el paleolítico inferior son los machetes encontrados en las terrazas de los principales cursos fluviales. También la cultura castreña estuvo muy presente en el municipio, donde existen restos de excavaciones en recintos como los de Mouronte y Salcedo, así como anzuelos de bronce y piedras empleadas en actividades marisqueras.  Símbolo de la ciudad y mito muy enraizado es el puente romano, fundado por Teucro, arquero griego, quién, tras la guerra de Troya viajó a occidente para construir la villa. Fueron sin embargo los romanos los que construyeron la antecesora del actual puente del Burgo sobre el Lérez, y establecieron la mansión de la Turoqua en la vía XIX. Así, el camino, junto con el puente, son el origen de su fundación. En el siglo XII, bajo el reinado de Fernando II, la ciudad aparece por vez primera bajo su nombre actual, Pontem Veteris, aludiendo a las ruinas del viejo puente romano, en un documento del monasterio de Poio. Con el paso del tiempo, nuevos puentes cruzan el Lérez reflejando el crecimiento de la ciudad y de las comunicaciones.  Ya durante el siglo XIV nuevos privilegios confirman el potencial del arrabal pontevedrés, basado sobre todo en las actividades portuarias y pesqueras. Alrededor de la sardina se cimentó la actividad económica: su pesca, la venta en fresco hacia el interior, la salgadura, el ahumado y su exportación marítima. Así, llegó a ser el principal puerto de Galicia. Pero será en el siglo XVI cuando Pontevedra alcance el mayor esplendor económico y social de la historia, que se vio propiciado por la posición estratégica de la villa en las rutas atlánticas y por la paz social. Esto contrasta con la crisis de la villa en los siglos XVII, XVIII y XIX, debido al segundo lugar que pasa a ocupar el puerto pontevedrés en el comercio por mar, a las adversidades climáticas que sufrió Galicia en estas épocas y a la colocación del capital de la burguesía en rentas más seguras.  Pontevedra, después de dos siglos de decadencia y crisis comienza a mediados del siglo pasado una nueva etapa de crecimiento económico y demográfico.

Texto: ”Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, y estando las puertas cerradas en el lugar donde los discípulos se reunían por miedo a los judíos, Jesús entró, se puso en medio de ellos y les dijo: "¡Paz a vosotros!". Habiendo dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se regocijaron cuando vieron al Señor. Entonces Jesús les dijo otra vez: "¡Paz a vosotros! Como me ha enviado el Padre, así también yo os envío a vosotros." Habiendo dicho esto, sopló y les dijo: "Recibid el Espíritu Santo. A los que remitáis los pecados, les han sido remitidos; y a quienes se los retengáis, les han sido retenidos." Pero Tomás, llamado Dídimo, uno de los doce, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Entonces los otros discípulos le decían: -¡Hemos visto al Señor! Pero él les dijo: -Si yo no veo en sus manos la marca de los clavos, y si no meto mi dedo en la marca de los clavos y si no meto mi mano en su costado, no creeré jamás. Ocho días después sus discípulos estaban adentro otra vez, y Tomás estaba con ellos. Y aunque las puertas estaban cerradas, Jesús entró, se puso en medio y dijo: -¡Paz a vosotros! Luego dijo a Tomás: -Pon tu dedo aquí y mira mis manos; pon acá tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo sino creyente. Entonces Tomás respondió y le dijo: -¡Señor Mío, y Dios Mío! Jesús le dijo: -¿Porque me has visto, has creído? ¡Bienaventurados los que no ven y creen!” (Jn 20, 19-29)

 

Oración

Hola, Jesús,

cada hora de mi vida

en momentos de tribulación (2 Cor 1, 3-4),

he sentido tu consuelo,

tu alivio,

tu alegría

y tu apoyo para continuar el camino,

para rearmar mis fuerzas gastadas

y lanzarme de nuevo a andar…

Tú compañía constante,

tu acogida generosa, tu libertad contagiada

en el roce de cada día,

tu discreción,

tu sencillez,

tu verdad cotidiana…

me han hecho descubrirte

como tímido amante

que llena todo de sentido,

que nunca se ausenta,

que es como la respiración misma

que mantiene mi vida día y noche…

En la dificultad soy yo el que no sabe descubrirte,

pero tu estás,

estás siempre en casa

para contestar a mis llamadas,

para abrirme la puerta cuando llego

y ofrecerme el descanso…

Todo está lleno de ti,

también yo estoy lleno de ti,

o mejor dicho,

tú estás en mí,

vas conmigo a donde yo voy,

vienes siempre dentro de mí…

El salmo (138) dice que en lo más escondido

tú nunca me abandonas,

no necesitas una luz para verme,

nada te cierra el paso…

Saber esto hace que me sienta feliz,

porque aunque yo quiera resistirme,

aunque vengan obstáculos que no dependen de mí,

sé que tú podrás alcanzarme

y seguir poniendo vida

en todo cuanto hago en tu nombre,

aunque yo no lo sepa siempre;

poniendo vida también en mí,

sosteniéndome sin temor alguno

en el gozo,

o en el momento de tocar tus llagas…

¡Tantas cosas me dicen

que tú también me amas!.

 

Tema: Entre dudas

   No es infrecuente que nos despistemos o que desconfiemos de lo que otros nos dicen.  Nos ilusionamos con cosas particulares, con aficiones personales y se nos escapan entre las manos momentos y acontecimientos de la vida de los demás, de la vida de nuestro grupo, de la vida de nuestra sociedad, de la vida de nuestra Iglesia.  Tampoco son extrañas las dudas de fe.  La presencia del Señor resucitado está clara, pero nuestros sentidos, nuestro razonamiento, se taponan y no vemos, oímos, sentimos, pensamos ni creemos.  Tal vez en estos momentos son los demás los que nos pueden salvar con cualquier gesto de fidelidad cotidiana.  Pero si nos cerramos y cegamos a estos signos de la evidencia estamos perdidos.  Es necesario volver al punto inicial de nuestra fe, preguntar a nuestros hermanos, expresarles nuestras dudas.  Necesitamos de nuestro cuerpo para ver, tocar, meter el dedo y la mano en las llagas, para creer.  No bastan nuestras sesudas racionalizaciones: trae tu dedo, trae tu mano… basta una pequeña apertura del corazón para recuperar de nuevo el encuentro.

 

Recogida

   Dedica un tiempo al silencio. Tómate un tiempo a solas para recoger este día, para recuperar los sentimientos más importantes que has vivido, para prestar un poco de atención a tus pensamientos a lo largo de esta jornada de camino, y también a tu conducta... cómo, dónde, con quién compartes tus dudas?.  ¿Cuál es tu actitud ante la duda personal, social, eclesial? ¿Qué te sugiere el camino?...  Haz tus anotaciones en este espacio en blanco.

   No te preocupes si no surge nada, no te inquietes, no pasa nada... haz la señal de la cruz tomando plena conciencia de que todo lo creado está bajo la bendición de Dios.

 

"Turista es quien pasa sin carga ni dirección.
Caminante, quien ha tomado la mochila y marcha.
PEREGRINO quien, además de buscar, sabe arrodillarse cuando es preciso"
(San Ricardo)