es una persona abierta a la sorpresa, al asombro y a la novedad que cada día le propone. Sabe que el camino es la experiencia del “no saber”;
es una persona en búsqueda, en búsqueda de lo más auténtico de sí mismo, de lo más real de los otros, en búsqueda del Dios bueno que habita y alienta cada paso del Camino;
es una persona libre que vive desde la providencia gratuita y generosa del Padre; es una persona feliz en su austeridad;
es una persona sencilla, mansa, abierta... no tiene nada propio, la paz es su saludo, su presencia, su silencio, el comienzo de su amistad...;
es una persona de bien, sonríe, espera, acoge y perdona;
es una persona para los demás, atenta al otro a su paso, a su riña, a su ritmo, a su llanto... porque el otro es siempre lo más importante;
es una persona de contemplación, se siente amigo de la creación a quien escucha, respeta, cuida y ama...;
es una persona silenciosa, disfruta del silencio para escuchar la brisa de la tarde, el paso de sus huellas, el canto del pájaro, el cansancio del hermano...;
es una persona de oración, la oración es su alegría;
es el amigo de Jesús...